viernes, 25 de octubre de 2013

Ya nuestra, esta farisea realidad.

Es la falsa y obligada necesidad,
de tener que decirte lo bien que estoy,
lo que quiero y odio,
hacia dónde voy.

Es la falsa y obligada necesidad,
de contar que hago en todo momento,
cuántas veces me limpio el culo,
o mi cara (por emoticono) de cuando miento.

Es la falsa y obligada necesidad,
de tener que correr sin gustarme el deporte,
de conocer mejor tus pies que tu mirada,
de saber en que momento del día voy a estar acostada.

Es la falsa y obligada necesidad,
de conocer una persona a través de una pantalla,
saber de sus gustos por su perfil,
o por leer a diario cada uno de sus "tuits".

Es la falsa y obligada necesidad
la que nos hace perder el cara a cara,
la que crea una falsa personalidad,
la que nos inhibe cada día un poco más,
a la hora de afrontar la realidad.
Limita nuestra relación con los demás,
la que hace que ya mismo no sepamos ni hablar,
la que  nos traslada a ese mundo,
al fin y al cabo, demasiado artificial.

Pero es tan necesaria esta innecesaria necesidad, que innecesariamente necesitamos controlar, saber y "cotillear", olvidando lo importante, la esencia, lo normal y lo natural.

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