Y un día cayó como cae todo alguna vez en la vida, como una gota de agua quebradiza en el borde de un vaso lleno, con una diferencia, no se llegó a romper, nunca se esfumó como les ocurre a las gotas de agua que el calor evapora, no se llegó a despedir, ni consiguió aquel autógrafo de ese alter ego que marcó su adolescencia, no se llegó a arrepentir, pero si que volvería a caer.
Todos y cada uno de los días volvería a caer. Con un único objetivo, renacer, y no para mejorar, pues no se llegó a arrepentir jamás, sino para revivir todos y cada uno de los momentos antes de desplomarse, antes de caer desde semejante altura. Antes de convertirse en lo que hoy en día es.
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