viernes, 12 de diciembre de 2014

Así de simple.

Hoy le pedí un favor al tiempo, que parase por un segundo y así intentar desenredar la maraña de ideas que aturdían mi cabeza. Entonces, me di cuenta de que habrá cosas que por mucho tiempo que pase siempre estarán desordenadas: el pelo, los apuntes, el cajón de la ropa interior, la cama...las palabras, las ideas, el corazón, la vida.
Y que alterar el desorden no nos llevará a nada. Pues tan solo así, en el caos, fruto de nuestro propio desorden, encontraremos sentido a nuestro rumbo.

martes, 2 de diciembre de 2014

Diciembre

   Son muchas las ocasiones en las que te paras a buscarle un sentido a la vida; y es cuando pienso que la vida es un viaje continuo, una sucesión de momentos que pasan uno detrás de otro, como el ir y venir de trenes en una estación, uno, otro, y otro más…guiándote cada uno a un destino completamente diferente, destinos repletos de experiencias únicas, de vivencias llenas de magia pero sobre todo de enseñanzas, enseñanzas que lograrán hacerte un experto viajero, pues depende de ti, que seas un mero espectador, intentando explicarte desde un banco de la estación por qué pasan trenes cada veinte minutos, o un viajero, que sube en cada uno de esos trenes impregnándose de todos y cada uno de los sucesos que le llevan hasta el final del trayecto. El alma del viajero juega con ventaja, pues mientras el espectador observa cada tren en la más desierta compañía, el viajero que parte en solitario al comienzo de cada viaje, cuando llega de nuevo a la estación, guarda en su mochila todas y cada una de las almas que ha ido encontrando a lo largo del camino; pues solo así la vida, empieza a cobrar sentido.


   Con alma viajera, voy coleccionando la pureza de cada alma que de la mano ha ido amenizando uno por uno, los trayectos recorridos, cada uno de los pasos dados, más los que vendrán. Es entonces cuando miro a mi alrededor y  me siento afortunada,  pensando que quizá va siendo hora de aumentar mi equipaje, por los de siempre, por los que sin parecerlo ahí siguen, por los que vuelven, y por los que vendrán.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Miedo del propio miedo

Vivimos en un mundo de estrés constante, un ir y venir de acontecimientos, donde prima la falta de tiempo, donde andamos con el miedo de la mano. Sí, tenemos miedo, miedo a la pérdida de un ser querido, de un trabajo, de una pulsera que cierto día te regalaron y supone para ti ese "algo" que te saca una sonrisa, miedo de no encontrar un porvenir, miedo a lo desconocido, miedo a caer y no saber de qué valerse para conseguir levantarse, miedo de olvidar momentos, miedo de no saber cómo pedir perdón, del reencuentro, del coco que te acecha debajo de la cama. Tenemos miedo al propio miedo.
Por esa razón necesitamos de lugares donde poder evadirnos, volar, regodearnos de sosiego, quietud y paz, y olvidarnos, (aunque sea por un instante) de ese "miedo", ser valientes y soltarlo de la mano.

El despiste en una pista

Si, hablo de eso, del despiste que despista la pista que me diste para seguir en el camino. Esa pista que me despista, que ya no se si me ayuda o me consume, consume con sumo cuidado el ansia de aclarar el caos que en mi hallo. Querer poner en orden las palabras, las ideas, que en mi cabeza no cogen, y qué, si nunca lo hicieron. Esa pérfida pista artista en el despiste, en la ambigüedad propia del caos. En hacerme sentir una extraña cuando no la tengo, y qué si no me siento yo misma sin ambigüedades por más que lo intento. Será que forma parte de mi camino ya, esa pista que me diste y que tanto me despista.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Un paso en firme

Te tuve y me retuve.
Y por tenerte dejé de volar.
Perdí el equilibrio y no se,
seguro que por el camino se quedó algo más.
Te tuve y me contuve.
Por no perderte, por engañarme.
Por distraerme.
Dicen que más vale pájaro en mano que ciento volando, y yo comprando jaulas. Menuda estupidez.
Dicen que no se debe regresar nunca al lugar del que guardas buenos recuerdos.
Yo y mis constantes ganas de tropezar.
Eso, y que nunca fuimos del todo legales.
No te haces una idea
de lo que necesito un nuevo Sol,
aunque pensándolo bien,
nunca la tuviste.
Ahora, ahora no se como verte. Tampoco estoy segura de que quiera hacerlo.
Supongo que una retirada a tiempo es una victoria asegurada. En alguna que otra ocasión también pienso que a rey muerto, rey puesto.
No se, alomejor estoy pensando de más.
Yo qué sé, que la vida sigue, y tú, tú también.
Pero ya no me quemo los pies por andar descalza. Y eso, eso es mucho.
Y yo, que nunca fui el caballo del mejor postor, tan sólo un caballo mal domado que aún espera su gran carrera.
Y tu, un tren que ya no llega, que pasó y sigue, sin esperas, aunque nunca el último, porque ese será el que descarrile.

miércoles, 16 de julio de 2014

Sara Bueno-Lo que te echo de menos.


Te cambio tres excusas por tres motivos
si miras hacia delante un segundo.
Te cambio tres pasos hacia delante
por tres hacia atrás si prometes que vas a seguir
mirando al frente.

A menudo se nos olvida que el vértigo no se siente
sólo cuando miras hacia abajo,
que también se siente cuando vuelves la vista hacia atrás,
hacia ese pasado que tanto pesa;
yo siempre fui de perder el equilibrio
hasta que encontré en tus ojos dos razones por las que no caer,
aunque no caer no implica estar sentado
y eso es algo que aún hay muchos que no entienden.

Que tú no estás para luchar por nada ni nadie,
y yo ya fui de farol demasiadas jugadas con tal
de no perder una partida al amor.

Que no estoy para que me quiten caramelos de la boca,
y mucho menos si es con besos;
que las únicas derrotas que quiero saborear
son conmigo misma besando el suelo frío en una noche de verano.

Que prefieres las excusas a los motivos
y seguir mirando al frente,
y lo respeto,
pero en las guerras,
sólo se gana cuando hay una razón.

A mí las fuerzas me han nacido de las razones que me quitas,
y voy a tener que quemarlas.

Para querernos seguramente tengamos que destrozarnos antes,
y es un precio demasiado alto para esta burda cobardía.
Pero esta noche prefiero ser valiente,
o al menos honesta,
y reconocer que todo lo que te echo de menos
es culpa mía.

domingo, 1 de junio de 2014

.

Y no hago otra cosa que buscar tu cara entre la gente.
Pausada, callada.
Pero sobre todo,
ausente.
Por más que madrugo,
no encuentro un Sol lo suficientemente grande
que haga del olvido
un enemigo del pasado.
Pues a mis pies regresa,
una vez más,
y yo sin hacerle caso.
Todo sigue igual en mi cabeza.
No salgas fuera,
me dicen,
te acechan, te tienen,
te quieren, te hieren
te dejan.
Y aquí seguimos,
con las suelas de los zapatos gastadas,
con las camisetas ya rasgadas,
secuelas de una guerra
de años a mis espaldas.
Batallas sin claro vencedor,
aún por resolver,
aún por pelear.
De las que se resuelven
en mi colchón,
un territorio neutral
demasiado habitual. Y no.
La monotonía me abruma.
Y si. Para mal.
Siempre hay quien gana,
y quien se siente perdedor.
Lejos queda la victoria,
para alguno de los dos.
Vacías se encuentran.
Perdidas las ganas de pelear.
Alejarme. Olvidar todo.
Encontrar un nuevo Sol,
que me haga de nuevo respirar,
recuperar el tiempo perdido.
No te haces una idea.
No puedes.
Porque si algo tengo claro
es que nunca la tuviste.