Son muchas
las ocasiones en las que te paras a buscarle un sentido a la vida; y es cuando
pienso que la vida es un viaje continuo, una sucesión de momentos que pasan uno
detrás de otro, como el ir y venir de trenes en una estación, uno, otro, y otro
más…guiándote cada uno a un destino completamente diferente, destinos repletos
de experiencias únicas, de vivencias llenas de magia pero sobre todo de
enseñanzas, enseñanzas que lograrán hacerte un experto viajero, pues depende de
ti, que seas un mero espectador, intentando explicarte desde un banco de la
estación por qué pasan trenes cada veinte minutos, o un viajero, que sube en
cada uno de esos trenes impregnándose de todos y cada uno de los sucesos que le
llevan hasta el final del trayecto. El alma del viajero juega con ventaja, pues
mientras el espectador observa cada tren en la más desierta compañía, el
viajero que parte en solitario al comienzo de cada viaje, cuando llega de nuevo
a la estación, guarda en su mochila todas y cada una de las almas que ha ido encontrando
a lo largo del camino; pues solo así la vida, empieza a cobrar sentido.
Con
alma viajera, voy coleccionando la pureza de cada alma que de la mano ha ido
amenizando uno por uno, los trayectos recorridos, cada uno de los pasos dados,
más los que vendrán. Es entonces cuando miro a mi alrededor y me siento afortunada, pensando que quizá va siendo hora de aumentar mi
equipaje, por los de siempre, por los que sin parecerlo ahí siguen, por los que
vuelven, y por los que vendrán.
No hay comentarios:
Publicar un comentario