viernes, 19 de diciembre de 2014

Cuestión de alma.

Son muchas las ocasiones en las que te paras a buscarle el sentido a la vida; y es cuando pienso que la vida es un viaje continuo, una sucesión de momentos que pasan uno detrás de otro, como el ir y venir de trenes en una estación, uno, otro, y otro más…guiándote cada uno a un destino completamente diferente, destinos repletos de experiencias únicas, de vivencias llenas de magia pero sobre todo de enseñanzas, enseñanzas que lograrán hacerte un experto viajero; pues depende de ti, que seas un mero espectador, intentando explicarte desde un banco de la estación por qué pasan trenes cada veinte minutos, o un viajero, que sube en cada uno de esos trenes impregnándose de todos y cada uno de los sucesos que le llevan hasta el final del trayecto. El alma del viajero juega con ventaja, pues mientras el espectador observa cada tren en la más desierta compañía, el viajero que parte en solitario al comienzo de cada viaje, cuando llega de nuevo a la estación, guarda en su mochila todas y cada una de las almas que ha ido encontrando a lo largo del camino; pues solo así la vida, empieza a cobrar sentido.
Con alma viajera, voy coleccionando la pureza de cada alma que de la mano ha ido amenizando uno por uno, los trayectos recorridos, cada uno de los pasos dados, más los que vendrán. Es entonces cuando miro a mi alrededor y me siento afortunada, afortunada pensando que quizá va siendo hora de aumentar el tamaño de mi equipaje, por los de siempre, por los que, sin parecerlo ahí siguen, por los que vuelven, y por los que vendrán.

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