lunes, 20 de junio de 2016

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Puede que seas de esas que necesitan que les recuerden de vez en cuando lo mucho que valen, aunque muy en el fondo, lo sepan de sobra. Y que a veces, aunque no lo digan, mueren por un abrazo, por un beso, por un gesto que demuestre que la vida tiene sentido. Y seguro, podría poner la mano en el fuego, que alguna vez has pensado que siempre te fijas en el chico poco apropiado, en el alma más atormentada, en la situación más extraña. Que siempre, teniendo el viento a favor, sin saber cómo cambia de dirección y se vuelve en tu contra. Y crees que no es el mundo, sino tú, con tu moñismo, la que genera esas situaciones, que sin saber cómo, acaban convirtiendo tu corazón en una maraña de cables enredados entre sí. Y seguro que, alguna vez, te has enamorado sin esperarlo, sin quererlo, sin poder controlarlo. Y tal vez hayas sufrido por esperar mucho y recibir poco. Y tal vez, también, hayas sido feliz. Y tal vez, también, no entiendas cómo la gente olvida tan rápido y tú tan lento. Y crees que nadie nunca entenderá tus porqués, tus para qués, tus siempres y tus nuncas.

¿Pero de verdad crees que nadie nunca jamás en la vida se ha sentido así? ¿Acaso crees que tienes la exclusiva de los rallazos mentales? De eso nada, monada.

¿Alguna vez te has planteado que tú también podrías ser un corazón de fondant?

Entender el fondant no es fácil. Saber que tienes uno de esos corazones, tener que controlarlo, acostumbrarte a sus fuertes latidos y a sus frenazos en seco es complicado.

Yo tengo uno, ¿sabes? Por eso empecé a escribir.

-La chica de los jueves.

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