Fueron la llama que más ardía del iceberg, el equilibrista desequilibrado que pende de un hilo, un adiestrador de mansas fieras, la salida de emergencia en mitad del laberinto, la última copa del abstemio, la solución de un pasatiempo en el reverso de la hoja, un barco a la deriva sin timón ni timonel, el eunuco mejor pagado del burdel. Fueron mar en el desierto, vida para el muerto, la mejor pagada en el convento, la monja artista de cabaret, las primeras palabras del mudo, la canción preferida del sordo, los últimos pasos de un cojo, los ojos del que no quiere ver. Fueron estrellas en el amanecer. De cuando en cuando, de vez en vez...
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