miércoles, 15 de enero de 2014

Puedo.

Puedo ir y venir y volver a ir, 
y casi nunca acertar.

Puedo subir alto o descender,
pero nunca dejarme llevar,
o quién sabe, quizás también,
y dejarte pasar.

Puedo estar sentada en una playa
y no atender al ruido que hacen,
las olas del mar.

Puedo observar gente que va y viene,
que viene y va, durante horas,
en la más completa soledad.

Puedo ser menos humana y más animal, 
como puedo tropezar dos veces 
con la misma piedra al andar.

Puedo hacer lazadas perfectas,
y sin embargo,
no poder abrir un bote de tomate frito.

Puedo perder las llaves cinco veces en un mismo año,
y sin embargo, cuidar como si de una parte de mi se tratara,
a una vieja lata de antaño.

Puedo en un mismo día reír a carcajadas,
sin motivo aparente, y odiar un rato después,
a quién no me venga de frente.

Puedo evadirme de la realidad y comenzar a soñar,
de hecho en mi es algo ya habitual.

Puedo dejar de escribir, de dar tumbos,
de rascarme la nariz, y decidir de una vez por todas,
que lo mejor es irse a dormir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario