Cuantas frías y sinceras verdades
siente lo más profundo de mi ser.
Es un vacío que oprime, una sacudida sin espasmo,
y mientras tanto, nada sacia mi sed.
Resistir o morir, mítica frase
si los mitos hablasen...
resuena en mi subconsciente.
Más descuidado que lúcido, últimamente.
Siendo sincera no sabría que elegir,
acogida en el cielo no espero
menos de un Dios en el que no creo,
y en el infierno debe estarse bien.
Cuando intentas perderte
y no te buscas, ni siquiera de día,
por temor al reencuentro,
incluso con tu sombra.
Por prescindir, prescindo del tiempo,
vivo sin ajustarlo,
desconozco los minutos, los segundos
o los días del calendario.
Entonces, todo se convierte en un sin sentido
como el ir y venir de palabras en este poema,
que quedan a expensas de abrigo.
No pretendas buscar la senda de la coherencia,
tan solo me guía esta incauta vehemencia.
Siento que no sienta
y me tranquiliza no sentir.
No me gusta pertenecer a nada ni nadie,
tampoco, a ti.
En la costumbre, como en la paciencia
nunca me hallo.
Dejo de ser yo misma,
por puro cansancio.
Encauzar de nuevo el rumbo,
con un río desbocado
dónde no quedan tripulantes
y la naturaleza misma, te da de lado.
Renacer, cuando no quedan fuerzas,
sufrir una metamorfosis a punta de lanza,
tener férreo el corazón,
cuando se desvanecen las ganas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario