miércoles, 22 de enero de 2014

Creo que es suficiente

Basta de mirar por nosotros,
de querer lo mejor,
de no tratarnos como tontos.

Basta de luchar por mejores condiciones de vida,
por asegurarle a la gente de a pie,
que ante todo siempre mantendrán su sonrisa.

Basta de evitar el uso de la tijera,
recorten si hace falta,
corten trajes, que no roben.
Y aquí seguiremos, a su espera.

Basta de ser iguales ante la ley,
vamos a llegar a pensar,
que aquí no tienen privilegios,
ni tan siquiera el rey.

Basta de cumplir todo lo que dicen,
de incluso modificarlo,
obvia y claramente, siempre con buen fondo,
para mejorarlo.

Basta de luchar por el futuro de nuestros estudiantes,
para que estén en igualdad de condiciones
y nadie consiga ponérseles por delante.

Basta de hechos necesarios,
como crear cada dos minutos,
puestos de trabajo.

Basta de limitar nuestra libertad,
de evitar la desigualdad,
que las clases sociales,
nunca jamás se vuelvan a manifestar.

Basta de preservar lo público,
de promover becas,
de impedir subidas,
de que no falte pan para hoy,
ni hambre para mañana.

Basta de permitir la libertad de expresión,
de apoyar cualquier nueva idea,
de que esté bien asistir a una manifestación.

Basta de la prosperidad de los bancos,
de dinero en blanco.
Basta de vanidades, de no decir mentiras,
de conciencias tranquilas.

Ya está bien señores,
suficiente por hoy,
también por mañana.
Creo que por todo el mes,
y lo que nos queda de semana.

martes, 21 de enero de 2014

Mio

Cuantas frías y sinceras verdades
siente lo más profundo de mi ser.
Es un vacío que oprime, una sacudida sin espasmo,
y mientras tanto, nada sacia mi sed.

Resistir o morir, mítica frase
si los mitos hablasen...
resuena en mi subconsciente.
Más descuidado que lúcido, últimamente.

Siendo sincera no sabría que elegir,
acogida en el cielo no espero
menos de un Dios en el que no creo,
y en el infierno debe estarse bien.

Cuando intentas perderte
y no te buscas, ni siquiera de día,
por temor al reencuentro,
incluso con tu sombra.

Por prescindir, prescindo del tiempo,
vivo sin ajustarlo,
desconozco los minutos, los segundos
o los días del calendario.

Entonces, todo se convierte en un sin sentido
como el ir y venir de palabras en este poema,
que quedan a expensas de abrigo.
No pretendas buscar la senda de la coherencia,
tan solo me guía esta incauta vehemencia.

Siento que no sienta
y me tranquiliza no sentir.
No me gusta pertenecer a nada ni nadie,
tampoco, a ti.

En la costumbre, como en la paciencia
nunca me hallo.
Dejo de ser yo misma,
por puro cansancio.

Encauzar de nuevo el rumbo,
con un río desbocado
dónde no quedan tripulantes
y la naturaleza misma, te da de lado.

Renacer, cuando no quedan fuerzas,
sufrir una metamorfosis a punta de lanza,
tener férreo el corazón,
cuando se desvanecen las ganas.

miércoles, 15 de enero de 2014

Que será, será.

No lo era eh. Sin llegar nunca a serlo, siempre lo fue. De haberlo sido, menos hubiera sido de lo que ya es. Sin saberlo y bien es sabido, consiguió mucho más de lo que ya se sabe que fue. Pero tampoco sé quién sabe lo que alguien pudiera saber. Ni lo es eh. No es lo que podría haber sido, pero mucho más de lo que pudiera ser. Ni lo será eh. Eso yo ya, eso ya no lo se.

Puedo.

Puedo ir y venir y volver a ir, 
y casi nunca acertar.

Puedo subir alto o descender,
pero nunca dejarme llevar,
o quién sabe, quizás también,
y dejarte pasar.

Puedo estar sentada en una playa
y no atender al ruido que hacen,
las olas del mar.

Puedo observar gente que va y viene,
que viene y va, durante horas,
en la más completa soledad.

Puedo ser menos humana y más animal, 
como puedo tropezar dos veces 
con la misma piedra al andar.

Puedo hacer lazadas perfectas,
y sin embargo,
no poder abrir un bote de tomate frito.

Puedo perder las llaves cinco veces en un mismo año,
y sin embargo, cuidar como si de una parte de mi se tratara,
a una vieja lata de antaño.

Puedo en un mismo día reír a carcajadas,
sin motivo aparente, y odiar un rato después,
a quién no me venga de frente.

Puedo evadirme de la realidad y comenzar a soñar,
de hecho en mi es algo ya habitual.

Puedo dejar de escribir, de dar tumbos,
de rascarme la nariz, y decidir de una vez por todas,
que lo mejor es irse a dormir.