sábado, 7 de diciembre de 2013

No sin ellos.

   No tengo todo el oro del mundo, bueno siendo realistas no tengo oro ninguno. Tampoco me espera en la puerta un Lamborgini, las cosas como son, la media de años de mis coches son 10 años. La casa en la playa, como la de la nieve, digamos que no me he decidido aún, pueden esperar. El caviar como aperitivo, me provoca gases, prefiero una tapita callos. Y es que, si nos ponemos a ser realistas, cierto y verdad que no tengo nada de eso.
   Yo tengo un padre que la palabra "apañao" se le queda corta, que aunque él no lo sepa, está continuamente reinventándose, no le teme a nada y es capaz de todo, y eso, no lo hace cualquiera. Una madre que el dicho de "madre coraje" se le queda corto, que la valentía y la voluntad las lleva por bandera, luchadora incansable y aunque no se lo reconozca, mi ejemplo a seguir. Un hermano, un amigo, paciente conmigo como nadie, que sabe escuchar, que cuando no está, está, y yo me entiendo. Una familia compuesta por muchos, pero que a la hora de la verdad actúan como uno. Unos amigos con los que parece no pasar el tiempo cuando llevas mucho sin verles, y con los que las horas se hacen segundos cuando les tienes cerca. 
   Y es que, soy muy feliz sin oro, sin lamborginis, sin casas en la costa, comiendo una tapa callos, pero eso sí, siempre, siempre con mi gente.

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