domingo, 12 de marzo de 2017

12/3/17

Me dejó tirada en una cuneta quien dirigía mi orquesta, desde entonces vivo sin orden ni concierto. Perdí el rumbo, la aguja de mi brújula dejó de funcionar. Dónde antes estaba un atávico reloj que daba sentido a mis horas, ahora solo queda un montón de arena. Y le pedí a la vida un tiempo muerto.
Ella en cambio me devolvió siete vidas, envueltas en risas, donde perder los papeles es la mejor forma de mantenernos con vida. Ahora prometo amarme y respetarme hasta que la muerte me alcance. No sin antes, dejar el precio del barril de sonrisas por los suelos.

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