martes, 19 de enero de 2016

43º debelleza

Mi cielo de Madrid no perdía detalle.

Su risa se adueñaba de mi acento indeciso, para de seguido sonrojarse ante mis contundentes miradas.
Sus pasos de peatones simulaban safaris en los que ella tenía la melena del león, y yo los prismáticos del que contempla enamorado, su libertad.
Dónde los demás ponían la bala,
yo ponía el corazón.
Siempre esperaba por mi, siempre echando el ojo atrás.
Me decía que caminaba despacio por la senda, despistado, que de esa manera esta sociedad de cerebros atados acabaría devorándome.
Yo, como excusa, culpaba de mis distracciones a las idas y venidas de la fauna, pero ella bien sabía que toda la faute era del vuelo de su falda francesa transparentando mis deseos salvajes.
Porque las ciudades son selvas,
bosques frondosos en los que uno se pierde demasiado fácilmente entre cuevas destiladas y callejones con drogas de diseño.
Por eso,
ella siempre estará ahí,
defendiendo su manada,
recordándome,
que por mucho que me pierda,
su mano,
nunca dejará de caminar delante de la mía.
- Marcos Malvárez

La belleza de la simplicidad.

"¿Todavía no has comprendido que para hacerme feliz hace falta muy poco? 
Un buen helado de chocolate, quizá dos, un paseo juntos y que pase lo que tenga que pasar".
-La vida es bella.

lunes, 4 de enero de 2016

!

"El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal."

#Texto: Simone de Beauvoir

Waking Life

"La creación parece salir de la imperfección. Parece salir de la lucha y la frustración. Y de aquí es de donde creo que el idioma viene. 

Quiero decir, vino de nuestro deseo de trascender nuestro aislamiento y tener algún tipo de relación con otro. Y tenía que ser sencillo cuando era mera supervivencia. ¿Cómo pedíamos "agua"? Hicimos un sonido para eso. O, ¿cómo decíamos "un tigre dientes de sable detrás tuyo"?. Hicimos un sonido para eso. Pero cuando se pone realmente interesante, creo, es cuando usamos ese mismo sistema de sonidos simbólico para comunicar todas las cosas abstractas e intangibles como las que estamos experimentando.

¿Qué es, por ejemplo, frustración? O, ¿qué es la ira o el amor?
Cuando digo "amor", el sonido sale de mi boca y llega al oído de la otra persona, viaja a través de este conducto Bizantino en su cerebro, sabes, a través de sus memorias de amor o de falta de amor, y registra lo que estoy diciendo y dice "sí, lo comprendo".

Pero, ¿cómo sé que entiende? Porque las palabras son inertes. Son sólo símbolos. Están muertas, ¿sabes? Y mucho de nuestra experiencia es intangible. Tanto de lo que percibimos no puede expresarse. Es indescriptible. Y, sin embargo, cuando nos comunicamos unos con otros, y sentimos que hemos entrado en contacto, y creemos que somos entendidos, creo que tenemos un sentimiento de comunión casi espiritual. Y esa sensación puede ser transitoria, pero creo que es por lo que vivimos".

#Texto: Waking Life (Richard Linklater, 2001)

Gertrude

Mi muy querida Gertrude:

Usted estará apesadumbrada al oír la extraña enfermedad que tengo desde que se fue. Mandé buscar al doctor y le dije: “Deme una medicina, porque me siento cansado”. Él me replicó: “¡Estupideces! Usted solo necesita dormir”. “No es esa clase de agotamiento. Mi rostro trasunta cansancio”, dije. A lo que él añadió: “¡Oh!, es su nariz la que está cansada”. “No, no es la nariz. Quizá sea el pelo”, reflexioné. Entonces, el doctor mostró su desconcierto: “Ahora sí entiendo: usted estuvo peinando el pianoforte.” “No”, dije, “no lo he hecho, y no es exactamente el pelo: más bien entre la nariz y el mentón.” Entonces él, muy serio, preguntó: “¿Ha estado usted caminando mucho con la barbilla?” “No”, respondí. “Bien”, reflexionó él, “esto me despista mucho”. “¿Usted cree que el problema estará en los labios?”, preguntó. “Por supuesto”, dije. “¿Qué es, exactamente?” “Yo creo que ha estado dando demasiados besos…”, concluyó.

“Bueno”, recordé, “le di un beso a una amiga”. “Piense”, dijo él, “¿está seguro de que solo fue uno?” Yo añadí: “Quizá hayan sido once”. Entonces, el doctor me ordenó: “No debe darle ni uno más hasta que sus labios se hayan recuperado”. “Pero ¿qué hago?”, le dije, “¡Le debo ciento ochenta y dos besos más!”
El médico se emocionó tanto que las lágrimas corrían por sus mejillas, y me ordenó: “Mándeselos en una caja”. Yo tenía una que compré en Dover, pensando que podría regalarla. Así que los empaqueté con cuidado. Dígame si le llegan bien o si alguno se pierde en el camino.

(Carta original de Lewis Carroll a Gertrude Chataway, 1876, Contexto: Gertrude fue una de las jovencísimas musas del escritor, que se inspiró en ella para crear a la protagonista de su obra 'La caza del carabón'.)

John Vanille

"Una vez que uno ha visto el caos, debe construir algo para ponerlo entre uno y esa terrible visión, entonces crea un espejo, pensando que en él reflejará la realidad del mundo, pero luego comprende que el espejo sólo refleja las apariencias y que la realidad está en otro sitio, detrás del espejo; Entonces recuerda que detrás del espejo sólo está el caos".

#Texto: John Vanille