Hace tiempo que el frío se instaló en casa. Pero aún me mantengo con vida, sigo andando descalza. Me gusta sentir como el frío cala mis huesos, como un escalofrío al posar mis pies en el suelo, recorre todo mi cuerpo. Mi pelo sigue tan corto como siempre, mantener a raya a las tijeras y dar de lado a mis arrebatos...seguirá siendo una de mis tareas pendientes. El caos ha terminado hace poco de instalarse, ahora ocupa la mayor parte del salón, dice que viene para quedarse. Y parece convencido. Así que le hice un hueco entre mis papeles. Porque si, aún escribo. Mi vía de escape, aunque sin claro destino. Porque no, aún no he salido. Ya te lo dije antes, se ha instalado el caos, y bueno, el frío. Ya sabes que nunca me gustó dar de lado a mis invitados. Que sí, lo se, y supongo que pronto lo haré. Saldré. Ya se que fuera es primavera y que siempre ha sido mi estación favorita. Pero aquí queda tormenta, y aún llueve por dentro. Supongo que no me reconoces, que yo nunca fui de esperas, que aquí nunca duró más de un día un invierno. Si te sirve de algo, yo ya ni me busco, porque no me encuentro.
Hace unos días me miré al espejo, el pelo enredado, la camiseta rasgada...heridas abiertas, secuelas de guerras pasadas. Y.
En mi salón ya se acomoda el Sol, desde hace un tiempo, va secando la humedad que dentro de poco tan solo será recuerdo.
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