Cada vez más cobardes y ya empieza a vérsenos el plumero.
Se nos está olvidando vivir. Sí, vivir. Que como decía el gran Quintero...
Vivir no es solo estar presente en la vida. Vivir es participar en la fiesta, actuar, ser protagonista, elegir un papel e interpretarlo con autenticidad y convencimiento.
Vivir es ser, y conocer.
Porque el único pecado imperdonable, es, no vivir. Entregarse a una muerte anticipada mientras la sangre corre aún por nuestras venas.
Y yo que quieres que te diga, que aún soy más del hecho que del dicho. Y quédate tu el trecho.
Que aún sigo sin saber hablar más de 20 segundos seguidos por teléfono, que me cansa tanta tecla, que soy de bares, del reencuentro cara a cara, del hombro amigo y la palmada en la espalda, de cafés de ocho horas, yo que se que soy más de mirar a los ojos que a la pantalla, de enreos y quedadas improvisadas, de una caña en la barra y un tapeo de mesa en mesa, de lo bien que sienta escuchar la risa y no leerla, de provocarla y saberlo...porque puedas verla.
De las que piensan, que no importa el sitio, que cualquier hora es buena, para compartir unas cuantas cervezas.