miércoles, 8 de julio de 2015

Bien mejor que mejor.

Nunca fui muy aficionada a firmar contratos y mucho menos a cumplir todas las clausulas.
Más bien me declaro enemiga confiesa del nudo marinero en el estómago ajeno, porque pienso, que las mariposas sientan mejor cuando se ven volando, que oprimidas en el estómago.

Será eso lo que me lleva a no prometer "para siempres", "infinitos", "ni vidas enteras", sino más bien a querer por cada día que vivimos, por el ahora, por el momento, por el instante.

Y aunque odie los tópicos y esto suene a topicazo, lo único realmente certero de todo esto es que hoy estamos aquí, y que como se suele decir, las palabras se las lleva el viento, pero no olvidemos que las promesas a largo plazo, también.

Porque aún sigo hurgando en el trasfondo, en lo más hondo, creyendo en lo que confiesan las miradas y proponen las sonrisas, en lo que esconden los silencios y cada gesto refleja, aún creo que la esencia reside en el ser y en el estar, que me sigo olvidando del dónde y el cuándo...que eso ya vendrá.

Que quien sepa una forma de querer más bonita que el querer libre, que me lo demuestre.
Que aquí le espero.

Que el querer es más simple, que no requiere de ornamentación  alguna, que le sobran adjetivos y adverbios, y normalmente le faltan hechos, que para querer a los tuyos basta con quererlos, así sin más, a pelo y en presente.

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