lunes, 27 de abril de 2015

Ya es de noche

Ya es de noche, y aún sigo esperando que ese maldito golpe de suerte
llame a golpes a la puerta. 
Ese bote salvavidas que evite esta muerte por asfixia en este mar sin calma. 
Con la que ya, ni me mareo, 
a la que ya, mi cuerpo se acostumbró hace años.
Dicen que escribir es una forma de autoayuda, 
una vía de escape, que alienta y desahoga. 
Yo y mis incesantes ganas de escapar. De dónde, de quién.

Y la noche sigue, pero ya no espero a que la suerte llegue llamando a mi puerta.
Nunca me gustó del todo este abrigo pero es el único que tengo a mano y fuera, 
fuera el invierno receloso de la primavera ha venido dejando recuerdos de inviernos pasados. 
Ya estoy preparada, ahora si, ahora seré yo la que golpee la puerta de la suerte.
El mar recuperó su calma y yo, yo mis incesantes ganas por escapar.
Esas siguen. Y seguirán.
No es culpa mía, es cosa de mi alma. 
Será que la mía perteneció a un viajero errante en otra vida, 
y ya es hora de emprender un nuevo viaje.

miércoles, 8 de abril de 2015

;

Eran los candidatos perfectos para ser los protagonistas de una historia que, aún sin ellos saberlo, llevaban años escribiendo a ciegas, avanzando lentamente, tropezando constantemente, pero como nunca antes nadie había sido capaz de hacerlo.

Expertos en el arte amatoria del despiste, del ahora sí mañana no, de un contigo sin ti pero siempre conmigo, de un "olvídame para siempre" con billete de vuelta, de muchas idas y venidas, de perder la noción del tiempo en cada reencuentro, de no reconocer las causas perdidas, de prometer el destierro sabiendo que será cuestión de tiempo conquistar de nuevo esa tierra prometida, de reír a carcajadas durante horas pasase lo que pesase, de ganarle el pulso las ganas a los miedos una y otra vez, de parar el tiempo con la mirada, de adentrarse en la boca del lobo y cambiar el final del cuento, de escribir cada noche un nuevo guión de la película, los candidatos perfectos a mejores actores revelación, amantes de los finales inesperados y los encuentros a deshoras, de jugar con fuego sin haber sanado las marcas de la última llama, de besar cicatrices sanando secuelas de guerras a sus espaldas, de refugiarse en el olvido como único abrigo que los ampare a las tres de la madrugada de un ansiado martes en mitad de una calle olvidada de Dios sabe donde, de bailar con las prisas, de compartir el sueño de soñar despiertos con la libertad del viento, y aún sin ellos creerlo, de la mano. Y os prometo que sabían hacerlo como nadie.

Promesas incumplidas.

Puedo prometer y prometo que seré fiel a mi misma, a mis principios, a donde me lleven mis tobillos, a cada paso en firme sobre el resquebrajado puente que pende de un hilo pero que siempre me mantuvo con vida.
Puedo prometer y prometo que mis promesas más firmes serán aquellas que no cumpla. Pues son las promesas incumplidas las que mejor sabor de boca dejan. Y en la del lobo, también.
Puedo prometer y prometo que la sinceridad en lo que digo otorgará más credibilidad en lo que callo. Que sembré una razón bajo tu ventana y se me olvidaron los argumentos.
Puedo prometer y prometo no prometer nada, dejar en manos del tiempo cada una de las promesas que nos queden por vivir, porque para mí la mejor promesa es el presente, que del mañana...quién sabrá.