Ya es de noche, y aún sigo esperando que ese maldito golpe de suerte
llame a golpes a la puerta.
Ese bote salvavidas que evite esta muerte por asfixia en este mar sin calma.
Con la que ya, ni me mareo,
a la que ya, mi cuerpo se acostumbró hace años.
Dicen que escribir es una forma de autoayuda,
una vía de escape, que alienta y desahoga.
Yo y mis incesantes ganas de escapar. De dónde, de quién.
Y la noche sigue, pero ya no espero a que la suerte llegue llamando a mi puerta.
Nunca me gustó del todo este abrigo pero es el único que tengo a mano y fuera,
fuera el invierno receloso de la primavera ha venido dejando recuerdos de inviernos pasados.
Ya estoy preparada, ahora si, ahora seré yo la que golpee la puerta de la suerte.
El mar recuperó su calma y yo, yo mis incesantes ganas por escapar.
El mar recuperó su calma y yo, yo mis incesantes ganas por escapar.
Esas siguen. Y seguirán.
No es culpa mía, es cosa de mi alma.
No es culpa mía, es cosa de mi alma.
Será que la mía perteneció a un viajero errante en otra vida,
y ya es hora de emprender un nuevo viaje.