Y perder el tiempo. Aunque nunca hay que considerar el tiempo perdido, pero ese es otro tema.
Hablando de hablar,
de hablar ligando,
de ligar así sin más.
De cuerpos prohibidos,
de camas desiertas,
de mi almohada de recuerdos de una noche,
de puertas entreabiertas,
de un mundo paralelo
aún por descubrir
en el que el ritmo lo marcan tus dedos,
ya vendrá luego
el cuándo y el dónde.
Y eso del freno. O no.
De lados de la cama
que miran de reojo al ayer
que dejó de ser hoy por la mañana.
De polvos soñados,
de polvos de ensueño,
de sueños que se convierten en polvo y ahí quedan. Y no.
De sequía emocional,
de la q no lo es tanto,
y aún más preocupante.
De un ahora si, pero no contigo, quizás luego, regrese al amparo de su abrigo.
De un después de ti, pero siempre conmigo.
sábado, 31 de mayo de 2014
Descubriendo-me
lunes, 12 de mayo de 2014
Y no.
Dicen que todos los caminos llevan a Roma,
en cambio yo,
siempre termino a medio camino,
esperando encontrar una respuesta a la sin razón de mi huida.
Esta ida con retorno, este dormir con insomnio.
Yo qué sé.
Que mi angustiada lucidez
me hizo bajarme varias paradas antes,
que aún sigo perdida.
Que no termino de perder de vista del todo,
a ese tren,
con varias horas de retraso.
Que cuando creo encontrar la luz al final del túnel,
vuelvo a deslumbrarme, que sigo sin salida.
Que el de hoy es mi noveno ocaso. Y no.
Lo peor de todo,
es cuando te sientes cómoda, estando perdida.
Que por no entender ni entiendo,
cómo nos acaricia el viento,
que consigue calmar el dolor de las heridas,
heridas de espinas que un día,
llegaron a ser rosas.
Sin sentido y libres,
es quizá como me gusten las cosas.
Y aquí seguimos, que ni me buscas ni te pierdo,
que si te buscoo,
siempre te encuentro.
Yo qué sé.
Que nos mantenemos en pie.
Y quizá eso sea lo que cuenta.
Mirándonos de reojo y sin perdernos.
Ni de vista. Tampoco.
en cambio yo,
siempre termino a medio camino,
esperando encontrar una respuesta a la sin razón de mi huida.
Esta ida con retorno, este dormir con insomnio.
Yo qué sé.
Que mi angustiada lucidez
me hizo bajarme varias paradas antes,
que aún sigo perdida.
Que no termino de perder de vista del todo,
a ese tren,
con varias horas de retraso.
Que cuando creo encontrar la luz al final del túnel,
vuelvo a deslumbrarme, que sigo sin salida.
Que el de hoy es mi noveno ocaso. Y no.
Lo peor de todo,
es cuando te sientes cómoda, estando perdida.
Que por no entender ni entiendo,
cómo nos acaricia el viento,
que consigue calmar el dolor de las heridas,
heridas de espinas que un día,
llegaron a ser rosas.
Sin sentido y libres,
es quizá como me gusten las cosas.
Y aquí seguimos, que ni me buscas ni te pierdo,
que si te buscoo,
siempre te encuentro.
Yo qué sé.
Que nos mantenemos en pie.
Y quizá eso sea lo que cuenta.
Mirándonos de reojo y sin perdernos.
Ni de vista. Tampoco.
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