Sólo se ser ese animal
que siente, lucha y defiende;
que huye
pero nunca a tiempo,
a lamerse las heridas.
El amor es esa leyenda que,
de boca en boca
se distorsiona.
Es ese ente que sangra
pero que nadie puede matar.
Tu y yo ya hemos sangrado más de tres vidas,
y no se cuántas nos quedarán
por resucitar.
Empecé a saber del tiempo
justo en el momento
en el que te eché de menos.
No se si fue un segundo,
un minuto o un año:
solo era tiempo.
Y no importó si fue entre los dedos
desde donde lo dejamos correr.
El reloj de mi memoria
se-para,
tu recuerdo es atemporal.
Quiero que entiendas lo imposible
de ser ascua
cuando hemos sido la llama que más ardía
de todo incendio.
Tú te pusiste las alas
y yo aclamé al olvido,
a mi animal que volvió a huir tarde.
Vivíamos esperando una bomba
que nos acabara estallando en la cara
sin atender al tic-tac
que se nos escuchaba dentro.
Y llegó el estallido.
Cuando duele más un hola
que un adiós,
es que el amor está mal hecho;
pero está.
Y si no me salió la voz
no fue por miedo a que te fueras,
si no por miedo a que no regresaras.
A día de hoy pienso cobrarme cada deerrota
mirándote a los ojos;
porque a pesar de que tu boca sepa a victoria
te prefiero siendo deuda sin saldar
en forma de ojos marrón tierra donde echar raíces.
Solo te pido
que si caigo y me dejas en el suelo
y te tumbas conmigo un par de minutos.
La mayoría de las veces,
es cuestión de perspectiva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario